GABRIEL ALVARADO LORENZO SUBE SEMBLANZA A FACEBOOK

GABRIEL ALVARADO LORENZO

CIBERNAUTAS, LA SOCIEDAD ESTA EN CONSTANTE MOVIMIENTO Y REVISANDO EL FACE, ME ENCONTRÉ CON UNA SEMBLANZA DEL EMPRESARIO GABRIEL ALVARADO LORENZO.

DESPUÉS DE LEERLO, DESCUBRÍ A UN PERSONAJE, CON RETOS Y CON UNA FUERTE VISIÓN DE TRANSFORMACIÓN.

SE LAS COMPARTO, PARA QUE CONOZCAN UN POCO MAS AL HOMBRE, PADRE DE FAMILIA, AL SER HUMANO Y A UN EMPRESARIO QUE INVIERTE EN HUAUCHINANGO Y AL QUE LE GUSTA ENFRENTARSE Y DERRIBAR OBSTACULOS…

Hola, mi nombre es Gabriel Alvarado Lorenzo, nací en el estado de Veracruz, el día 25 de febrero de 1973, soy el mayor de cuatro hermanos. Gilma, Gabriela e Irving fueron mis conejillos de indias, hice muchos tipos de experimentos con ellos, por eso ahora me la están cobrando. Mis papás fueron muy unidos, hasta que llegaron a los veinticinco años de casados, pero me enseñaron todo lo que sé y lo que soy.

Mi papá fue el Sr. Gabriel Alvarado Aranda, él me enseño a trabajar, a servir y a entregarse sin miedos a los que uno cree, seguido me hablaba de Dios y hubo un tiempo en que no le creía. No he conocido a un hombre que hable del amor como él y que haya vivido con tanto sacrificio. Tengo que confesar que es mucho lo que le extraño.

Mi mamá es la Sra. Amparo Lorenzo Sánchez, ella siempre me habló con firmeza y me enseño a administrar, siempre la veía firmar cheques y un día orgullosa me abrazo y le entregue a cambio un título. La veo poco, y debo confesar que también le extraño.

Mi infancia fue anormal, porque siempre viví rodeado de anaqueles y mercancía, pero jugué mucho, por eso me gustan tanto las pelotas. Me gustan los deportes, el futbol, el baloncesto, el ping-pong, no importa contra quien juegue, disfruto mucho hacerlo.

Mi primer libro fue “La vuelta al mundo en ochenta días” de Julio Verne, por eso también creo me gustan las odiseas, las gestas y las misiones imposibles.

Me dan miedo los títeres, pero disfruto mucho el teatro y el cine. Una de mis películas favoritas es “El hijo de la novia”, dicen quienes la han visto, que el protagonista se parece a mí en su forma de vivir y que por esto me gusta.

Necesito la música para inspirarme y estudiar y tengo por defecto escuchar la misma canción una y otra vez, simplemente porque me gusta lo que dice o por una singular tonada.

Soy casado desde hace casi quince años. Mi esposa es Liliana Luna Aguirre y no me casé bajo alguna amenaza. Tenemos tres hijos que intentamos formar aunque la realidad es que ellos nos están formando. Gabriel, Lili y Emilio son tres desobedientes seres. Constantemente se quejan de ellos las madres del Colegio donde estudian y yo me arrepiento de no haberles aclarado antes a los maestros de su singular rebeldía.

Llegué a vivir a Huauchinango, Puebla hace casi diez años. Aún conocí los días de constante lluvia y de la permanente neblina que suelen contar con nostalgia quienes aquí nacieron. Sentí de inmediato la calidez de la gente y su notoria hospitalidad. He conocido mucha gente y he hecho muy buenos amigos, de estos que no te puedes desprender para siempre. De vez en cuando me refugio en uno de sus árboles cerca del Zempoala y allí intento dormir sin conseguirlo por tanta belleza. He intentado aprender el náhuatl pero no puedo hacerlo porque quienes lo enseñan hablan muy rápido. No pierdo las esperanzas.

A regañadientes de mi papá empecé a estudiar una maestría en Políticas Públicas, al final decidí hacer lo que el corazón me sugirió. Cada primera clase de cualquier materia debo presentarme diciendo que no trabajo en ningún nivel de gobierno y que jamás he recibido un sueldo procedente de cualquier presupuesto público, que trabajo en una cadena de autoservicio y una cadena de hoteles familiar. Justo después de esto, todos en clase preguntan ¿Qué haces aquí? Les contesto “no lo sé”, pero agrego que si me equivoqué en mi decisión de estudiar esta maestría, el tiempo lo determinará.

Tengo muchos sueños, pero uno de estos tiene que ver con mi país y con el lugar donde vivo y con nuestros hijos. Estoy seguro que se necesita un cambio y que esto es justo lo que necesita un futuro mejor. Es poco probable que el futuro este exento de cambios y espero ser parte de ellos, contribuir con lo que sé y he aprendido. Merece la pena intentarlo.

Al final, si me equivoqué o no, como ya dije, solo el tiempo lo dirá.

Gabriel Alvarado Lorenzo.

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